Gabriela espera a su cliente. Es la hora. Sabe que está preparado para lo que va a hacer, suicidarse. Pero no estará sólo, lo acompaña esta contradictoria mujer cuyo trabajo consiste en facilitar el final al que estamos todos abocados. En calidad de suicidista, Gabriela nos muestra una forma distinta de contemplar la muerte, indiferente a toda connotación cultural, religiosa o política. Ajena a la instrumentalización de la misma de la que hoy somos testigos.

El derecho a la eutanasia, el derecho a tomar nuestra última decisión, el amor por los demás de la mano del egoísmo que nos es propio, así como la muerte como puente para conseguir algo y no como fin, se mezclan en esta novela con ironía y humor. Ya que, al fin y al cabo, no hay nada más natural que morir.

Uno Editorial, 2015

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