¿Cómo es vivir sin plástico?

¿Cómo es vivir sin plástico?

Considerado el desecho más peligroso para el medio ambiente, el plástico inunda toda nuestra vida. Lo encontramos en la alimentación, higiene, dispositivos, envoltorios…, y también en cualquier rincón del planeta. ¿Es posible luchar contra él? Yve Ramírez, divulgadora ambiental, nos explica cómo ha cambiado su día a día para expulsar a este intruso de su vida.

Vivir sin plástico en nuestros días, desde mi punto de vista, es imposible. Y tampoco creo que nos tengamos que obsesionar con él per se. Hoy en día, lo realmente urgente es evitar los productos de un solo uso” aclara Yve Ramírez.

El crecimiento del plástico desechable, como son las bolsas, botellas, envases…, ha encendido todas las alarmas. Y es que el planeta ya no puede sobrevivir con más residuos plásticos. Sólo en España, anualmente se utilizan 2,7 millones de toneladas para embotellar agua, según ANEABE. Si cada botella tarda cinco siglos en descomponerse, es fácil calcular el desastre ecológico al que nos enfrentamos.

 

“Podemos reducir el consumo de plástico de un solo uso, incluso hasta prácticamente cero”

 
 

 

La lucha contra este material de usar y tirar ya ha comenzado de la mano de gobiernos, plataformas e iniciativas ciudadanas internacionales. No obstante, nuestra lucha diaria para evitar su uso también deja una importante huella en el ecosistema. Como advierte Ramírez, “mi consejo es que se centren en esas cosas que sí pueden cambiar hoy”.

A través de su blog La Ecocosmopolita, Ramírez explica cómo llevar una vida más responsable en una sociedad insostenible. Basándose en su experiencia personal, aporta datos, ideas y consejos para reducir, lo máximo posible, el uso de productos plásticos sustituyéndolos por otros menos dañinos para el medio ambiente. Ahora publica el libro “Residuo Cero. Comienza a restar desde casa, en el que reúne toda su experiencia sobre un consumo más consecuente con el entorno.

Primeros pasos con menos plástico

Comencé con cambios muy personales, unidos a las circunstancias” recuerda Yve Ramírez, volviendo la vista atrás. “Venir de Caracas a Barcelona me hizo avanzar de golpe varias décadas en materia de reciclaje y reflexionar sobre la basura que producía. Paralelamente, la maternidad me hizo replantearme, de forma profunda, mi relación con los alimentos”.

Y es que la alimentación es una pieza clave en la lucha contra la contaminación plástica. En ella se concentra el 40% de este material desechable en forma de bandejas de comida, tetrabricks, paquetes monodosis de galletas, hueveras… Y va en aumento. En su afán por el plástico, la industria incluso ya envasa piezas de fruta, vez más frecuentes en los supermercados. Las cifras son alarmantes. Casi el 50% de todos los plásticos producidos se han fabricado a partir del año 2000 y se prevé que esta producción alcance los 500 millones de toneladas en el 2020.

 

“Los residuos son un buen reflejo de nuestra forma de consumo”

 

Ramírez se retrae al año 2013, “cuando sentía que había logrado asimilar muchos cambios positivos para reducir mi huella ambiental, decidí comenzar a compartir lo aprendido a través de La Ecocosmopolita. El blog siempre ha tenido el foco en el consumo responsable, y los residuos son un buen reflejo de nuestra forma de consumo. Además, son algo muy palpable para cualquier persona y ayudan a evidenciar las consecuencias de nuestra forma de vida. Por eso tienen tanto peso en todas mis acciones de divulgación”.

¿Cómo vivir sin plástico desechable?

Mi día a día supongo que se parece al de muchas personas, pero con un extra de previsión” señala Ramírez. “Por ejemplo, llevo siempre un termo lleno de té a la oficina para evitar crear más residuos”.

Su carro de la compra siempre contiene bolsas reutilizables y telas enceradas, conocidas como wraps, que son perfectas para comprar alimentos como el pan, verduras o embutidos y sustituir al film o papel de aluminio. “El queso lo intento comprar usando la tela encerada para evitar el plástico o papel con que lo recubren, así como la bolsa”.

Con respecto a la alimentación, “no tengo grandes secretos” afirma, “en casa comemos muchos cereales y legumbres, que adquirimos a granel. También comemos muchas verduras y frutas, que compramos usando bolsas reutilizables. Prácticamente no compramos nada procesado. Son realmente la excepción.

Hábitos difíciles de cambiar

Sin embargo, el aseo personal es su talón de Aquiles. “No logro quitarme la pasta dental. Aún no conozco ninguna pasta dental con flúor y sin plástico, y en casa tuvimos problemas al dejar de usar flúor. Muchas personas utilizan incluso pastas dentales hechas en casa con ingredientes sencillos. Por eso, en Usar y Reusar, la tienda online de la que soy socia, tenemos una versión en vidrio. Sin embargo, no es aconsejable para personas con tendencia a caries. Así que uso una pasta dental ecológica, con la dosis de flúor recomendada por dentistas, pero viene envasado en plástico.”

Y lógicamente, un artículo demasiado básico, el papel higiénico. “Las pocas alternativas que he visto de papel de baño son muy caras para mí ahora” confiesa, “en cambio he reducido su uso al mínimo usando el bidet, aunque mis hijas no me acompañan en esto.” Las cifras le dan la razón, algunos productos sostenibles resultan demasiado caros aún. Es el caso de cepillos de dientes de bambú, hilo dental de algodón o champús sólidos, cuya escasa demanda los convierte en artículos de lujo.

 

Hay que buscar alternativas sin envases para todo aquello que sea posible

El cambio que causó más extrañeza en mi entorno fue cuando, hace ya unos doce años, descubrí la copa menstrual. Era muy poco conocida aún y recuerdo que una amiga me dijo muy seria, `¿eso no es demasiado radical ya?´, revela. “Lo más cómico es que estoy segura de que ella la usa hoy en día. La copa menstrual es uno de los mejores y más liberadores inventos que conozco.”

Consejos sostenibles

Yve Ramírez lo tiene claro. Su consejo para consumir de forma responsable pasa por “no intentar cambiar todas las cosas de plástico de nuestra casa por objetos “súper residuo cero”, por muy bonitos que sean”.

Por ello recomienda comenzar sustituyendo los artículos de un solo uso, como los envases de alimentos o cosméticos, y considerar si podemos prescindir de alguno. Su truco es “reflexionar sobre todos los desechables que consumimos (vasos, botellas de agua, bolsas de toda clase, cubiertos, platos, cualquier cosa que consuman) y pensar en cómo sustituirlos por reutilizables”.

 

No hay nada más sostenible que lo que ya tenemos, aunque sea de plástico

Pero, advierte, no se puede cambiar todo siempre. “Si vas a mi casa, probablemente encontrarás algún envase de plástico en el cubo de la basura. Y es que lo realmente difícil es tener todo controlado al 100%, cada día y en cada momento, con la vida de vértigo de hoy”. Por lo que muchas veces se hace imposible mantener un consumo respetuoso, como en los viajes, en compras de última hora, en determinados productos…

Sin agobios. Sin complejos. Eliminar el plástico de un solo uso no se puede hacer de un día para otro. La perseverancia, la reflexión y la motivación son claves para modificar nuestros hábitos insostenibles.  “Recomiendo que se centren en esas cosas que sí pueden cambiar hoy” anima Ramírez, “si no consigues un buen champú sólido o a granel, no hay que agobiarse por ello. Hay que enfocar nuestros esfuerzos en todas las otras cosas que sí podemos mejorar en nuestras circunstancias personales.”

Y es que todos podemos poner nuestro pequeño granito de arena para que, en un futuro próximo, hagan una montaña.

 

 

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